CRÓNICA

Día de la Candelaria, una tradición que no se pierde

Informativo 570

Carolina Espina

Con meses de anticipación bordó cada una de las perlitas que llevaba el modelo del pequeño ajuar. Un vestido blanco con diseño en dorado, un diminuto olán en rojo y una capa del mismo tono que cubría su espalda y parte de la zona frontal. Cada una de sus manos sostiene un cetro y en su cabeza un resplandor con tonos también en rojo: es el Niño de la Salud.

Como cada año, doña Esther se encarga de elaborar la vestimenta de su Niño Dios, que este 2 de febrero lleva a misa para celebrar el tradicional Día de la Candelaria. Este año tenía que ser por la salud, porque el COVID casi le arrebata la vida a uno de sus hijos.

“Por muchos años yo he elaborado el vestidito de mi niño, ya me sé de memoria sus medidas y voy viendo de qué vestirlo en estas fechas, el año pasado que también estábamos en pandemia lo vestí del Niño Doctor, pero en noviembre mi hijo se enfermó y casi se me muere, por eso le pedí que me lo sanara, que este año lo vestía del Niño de la Salud”.

Sus manos acarician el pequeño rostro de esa imagen en la que deposita su fe, y que le hizo el milagro de salvar a su familiar de la muerte. “Le pido por todas las personas que están padeciendo esta enfermedad, para que se curen, para que salgan adelante, porque es muy feo ver cómo van perdiendo la batalla sin que uno pueda hacer nada, pero nuestra fe tiene que estar ahí, siempre”, señala.

Mientras platica, una de sus hijas se acerca para señalar que los tamales están listos, que la hora de comida ha llegado y que les tiene que dar el visto bueno. Sonríe y pregunta a su entrevistadora: “¿Gusta uno? Nos quedaron bien buenos”.

Camina hacia su cocina, saca dos de una enorme olla tamalera, son más de 100 dice, de dos sabores porque invitó a toda su familia a la celebración. Los sirve y fue muy grato comprobar que sí, tenía toda la razón, eran unos tamales de salsa verde y de amarillo que le hacían honor a la tradición de este 2 de febrero.

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